Son las 12:00 de la noche y ya suena el despertador. Es momento de salir de las tiendas de campaña y prepararse para empezar a subir. No hacen falta linternas porque el cielo se encuentra tapizado de estrellas y la luna brilla con todo su esplendor. Nos amarramos las botas, revisamos una última vez la mochila, nos cubrimos del frío y poco a poco vamos dejando atrás el refugio de Piedra Grande mientras ganamos altura.

Es un día especialmente concurrido en la montaña. Desde los primeros pasos vemos una fila de luces que van subiendo e indican el camino que recorreremos. No tardamos mucho tiempo en alcanzarlos y pasarlos. Después de 4 horas de caminata nos encontramos en la base del glaciar de Jamapa, el último que sobrevive en el Citlaltépetl.

Es momento de amarrarnos en grupos de tres, un guía y dos miembros del equipo. Estamos divididos en cuatro grupos de dos personas, cada equipo encordado con su respectivo guía. El ascenso es lento, hace mucho frío y la dureza del hielo hace que los crampones apenas puedan sujetarse al glaciar. Dejamos atrás los 5,000 metros, estamos casi a la misma altura los primeros dos grupos que partimos de la base del glaciar, no nos faltan más de 100 metros para llegar al labio inferior del cráter y de ahí estar a 20 minutos de la cima, objetivo que llevábamos meses planeando y entrenando para alcanzar. Pero en ese momento, a las 7:25 de la mañana, los meses de entrenamiento, preparación, sacrificio y dedicación se ven interrumpidos por un terrible accidente.

“Se resbaló, ¡no inventes!” grita uno de los alpinistas que estaban a nuestro lado derecho, prácticamente en la cima del glaciar. De inmediato volteamos y vemos como uno de ellos cae jalando a su compañero y a su guía, mientras toman velocidad cuesta abajo y ruedan uno encima del otro sin poderse detener. Nos quedamos paralizados mientras vemos como caen en dirección a uno de los acantilados del costado izquierdo del glaciar. Han caído ya más de 600 metros. Los ojos de los 50 alpinistas que intentábamos alcanzar la cima ese día están sobre ellos, no podemos creer lo que estamos viendo. De pronto en un acto de misericordia de la montaña los alpinistas logran detenerse a pocos metros del acantilado. No se mueven, la montaña está en silencio absoluto y nadie se atreve a dar un paso más hacia arriba o hacia abajo, la mirada de todos nosotros sigue sobre ellos, nos preguntamos ¿estarán vivos?

Año tras año, la nieve de los glaciares en México es cada vez más escasa. Para que se forme un glaciar es necesario que la nieve permanezca por lo menos un año y se convierta en hielo, situación que parece cada vez más lejana y que convirtió hoy al glaciar de Jamapa en una durísima resbaladilla de hielo.

“Hasta aquí llegamos hoy, está muy peligroso seguir subiendo, nos bajamos”, me dice Israel nuestro guía, preocupado por estas tres personas que empiezan a moverse poco a poco, y en nuestra seguridad. En ese momento, somos el grupo con mayor altura en la montaña. La inclinación de la pendiente en la que nos encontramos, la dureza del hielo y la impresión de haber presenciado ese accidente hace que no podamos bajar por cuenta propia y ahí comienza la labor de rescate de nuestros guías, los cuales agradecemos tienen la experiencia suficiente para saber actuar en esos momentos.

Por primera vez presenciamos a flor de piel las consecuencias del calentamiento global, nos sentimos agotados, llevamos más de horas atrapados a más de 5,500 metros de altura a una temperatura cercana a los 0º centígrados. Para descender de la manera más segura posible, nuestros guías han elaborado un sistema de rappel con una cuerda de 15 metros, con las cual vamos alternando entre los dos equipos que estamos más arriba. Después de haber montado y desmontado unas 5 ó 6 veces el sistema a lo largo de varias horas nos encontramos en un punto donde es seguro soltarnos de las estacas y comenzar nuestro descenso por cuenta propia. Caminamos paso a paso otros 45 minutos hasta que nos encontramos en la base del glaciar, aquel punto donde estuvo todo el grupo junto por última vez hacía casi seis horas.

Las tres personas que cayeron más de 700 metros se encuentran estables, ya van bajando la montaña con la fortuna de tener solo golpes y raspaduras y una anécdota que jamás olvidarán. En la base del glaciar nos espera Alfredo, guía líder del equipo quien nos informa que la otra mitad de nuestro equipo se encuentra en buenas condiciones y van bajando hacia al campamento base. Permanecemos unos treinta minutos recuperando energías para después continuar nuestro camino de regreso con el resto del grupo, recorrido que nos toma otras dos horas y media.

Fue un día trágico en la montaña, mientras regresábamos a la Ciudad de México nos enteramos que ese mismo día, además del accidente de estos tres alpinistas, hubo otras 7 caídas de menor altura y un alpinista extraviado, el Dr. Carlos Ávila Jiménez, quien fue encontrado sin vida un día después.

Tristemente, el cambio climático y la desaparición de nuestros glaciares es una realidad innegable. Si esto no se detiene, en poco tiempo veremos que el gigante blanco de Orizaba dejará de llevar el calificativo blanco y nos quedaremos sin glaciares. Para los alpinistas esto no solo es una desgracia escénica, sino que es un peligro latente. El derretimiento del hielo ha hecho que el ascenso por el glaciar de Jamapa sea una peligrosa odisea; solo en los últimos dos fines de semana ha habido más de cinco accidentes de gente deslizándose sobre el inmenso hielo. Dos personas perdieron la vida.

Les relatamos esto con la intención de que aprovechen para disfrutar la montaña pero siempre lo hagan de forma segura, con guías certificados en supervivencia en la montaña. También, para hacer un llamado a la gente que siente amor por la naturaleza. Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente el turismo es responsable por el 50% de la contaminación por transporte. Es por eso que ayudas mucho al ambiente si tomas vacaciones locales y aprovechas para explorar el entorno en el que te encuentras. ¡Juntos podemos hacer pequeños cambios con mucho impacto si aprendemos a viajar con conciencia!

Artículo y fotos:  Iñigo Diego-Fernández y Alain León #Reto10x365