El silencio del desierto es una fuerza muy poderosa que te impacta en el segundo en el que llegas. Chihuahua es de los pocos lugares en México en los que he sentido eso. Me ha tocado poco explorar el norte del país y aunque siempre había querido ir a las Barrancas del Cobre, no sabía de lo que me estaba perdiendo.

Día 1

Desde que nos subimos al tren a las 6 de la mañana empecé a sentir el hormigueo de emoción de estar en un lugar nuevo. Yo me imaginaba que el Chepe sería como el tren de Darjeeling Limited de la película de Wes Anderson. Pero más bien es un tren de pasaje como en las películas del viejo oeste. El tren fue construido en 1961 para conectar Chihuahua al Pacífico (por ende el nombre Chepe) y tiene todavía una onda sesentera muy cool, con alfombra y asientos de lana.

Nos dormimos un rato y a las 8 fuimos a desayunar. No hay nada como comer unos huevos con machaca y tomar un cafecito con tus amigos mientras ves el paisaje cambiante por la ventana. Platicamos por horas y luego nos quedamos en el espacio entre los vagones viendo el tren serpentear entre las montañas. El trayecto hasta Divisadero dura un poco más de 7 horas así que hay tiempo para todo.

Llegamos a Divisadero, la parada de las Barrancas del Cobre a la 1:04 pm. Ahí fue nuestro primer encuentro con los Rarámuris y sentimos por primera vez porque la gente se queda fascinada con Chihuahua. Los Rarámuris son personas muy silenciosas y distantes, se podría decir que tímidos. Y pertenecen de una manera tan profunda en esa sierra que te hacen darte cuenta que tú sólo vienes de visita y tienes que respetar.

Llegas a un mercado en el que se venden quesadillas, manzanas rojas por dentro, las más ricas que he probado, canastas y cientos de cosas más. Yo me quería quedar horas pero seguimos al hotel. Nos quedamos en el Hotel Mirador que tiene una vista impresionante del Cañón. El hotel que hayan reservado mandará un transporte por ustedes. Hay que coordinarse con ellos para asegurarlo.

Siempre pensé que cuando fuera al Cañón del Cobre sólo lo podría ver de un mirador, tomarme una foto y seguir mi camino, como me imagino que se hace en el Gran Cañón de Colorado. Pero la experiencia es mucho más inmersiva. El hotel está sobre las barrancas y todos los cuartos tienen un balcón en el que te puedes quedar horas admirando el paisaje. Y en el Parque de Aventuras Barranca del Cobre hay decenas de actividades que puedes hacer al borde, dentro, y por encima del cañón.

Es difícil describir lo alucinante de las Barrancas del Cobre. Es una combinación entre lo gigante de las montañas, lo profundo de los cañones, la cantidad aparentemente infinita de pasajes, y el hecho de que todavía hay gente que vive dentro de ellos y los recorre todos los días. También es darte cuenta como la tierra tiene procesos de millones y millones de años y nosotros sólo somos un punto minúsculo en el tiempo.

Día 2

Nos tomamos 2 dias para explorarlo. Empezamos con la tirolesa más larga del mundo de 2.53 km, el Zip Rider. Vuelas por encima del cañón a de 85 – 135 km/hr apreciando la inmensidad y la vista con un golpe de adrenalina. Al final hay que subir 800 metros a la estación del teleférico así que también te toca hacer un poco de hike, admirar la vista y apreciar la vida.

Después de hacer esa tirolesa pensamos que el recorrido de las 7 tirolesas sería redundante pero fue espectacular. La diferencia de este recorrido es que vas colgado y no sentado, rodeas el cañón en varios puntos con distintas perspectivas y hay algunas tirolesas que alcanzan los 110 km/hr. Está divertidísimo y la vista no deja de sorprenderte. Es como Disneylandia para adultos.

Además de las tirolesas hicimos la vía ferrata y una cabalgata increíbles. Podríamos habernos quedado 2 días más a explorar esa área solamente. Especialmente a hacer una caminata. Además la comida es deliciosa. Recomiendo la arrachera, el chile pasado y queso chihuahua con pimiento con unas tortillas de harina como las que sólo consigues al norte del país. Pero había que seguir adelante.

Día 3

Al tercer día volvimos a Creel. Contratamos a un guía que nos ayudó en todo el recorrido. Él manejó a Barrancas y nos vio ahí y nos ayudó con los transportes locales. También nos permitió ir de Barrancas a Creel en coche, un trayecto de 50 minutos en carretera que nos hubiera tomado casi 2 horas en tren. Es bonito también ver el paisaje desde la carretera, es bastante diferente al del tren.

Llegamos a Creel, dejamos las cosas en el hotel y partimos a nuestras actividades. Parte del grupo hizo un recorrido en bici con 3 Amigos Adventures y parte fuimos a una caminata con Octavio Jones, un gran montañista y conocedor de Chihuahua.

Caminamos hasta llegar al Valle de Los Monjes. En verdad que caminar es una manera increíble de conocer un lugar. Aprendimos que la zona de Creel se caracteriza por sus enormes rocas, que a los Rarámuris les gusta vivir bastante lejos de sus vecinos, y que hay un gran problema de agua en Chihuahua.

El Valle de Los Monjes de los lugares más mágicos que he visto. Creado por lava hace millones de años, es uno de esos lugares que impactan e imponen con un poder y grandeza que sólo la naturaleza tiene. Porque con o sin tí, ahí están siempre, supervisando el territorio. Ahí conocimos a Rosa, una joven Rarámuri que nos enseñó corriendo un camino para llegar hasta arriba de una roca. No me quería ir nunca y sé que volveré.

Pero tuvimos que ir al Lago de Arareko a encontrarnos con la parte del grupo que hizo bici de montaña. Esta vez no nos quedamos ahí pero si quieres saber más sobre el Lago de Arareko, te recomendamos que veas este artículo.

Finalmente fuimos a comer y regresamos al hotel. Nos quedamos en el hotel Best Western Plus The Lodge pero también nos recomendaron el Hotel Quinta Misión. El resto de la tarde descansamos en el spa y exploramos el pueblo. Creel es un pueblo diminuto para aquellos que somos de la Ciudad de México. Tiene una calle con tiendas y cafés que lleva a la plaza principal en dónde hay un museo de artesanías y una tienda que se llama La Misión en donde comercializan productos Rarámuris a un precio justo y eligen productos de muy buena calidad.

Día 4

Al día siguiente salimos temprano hacia la ciudad de Chihuahua. Paramos en Cuauhtémoc con una familia Menonita. El paisaje, lo discreto de la gente, y la comida que se siente tan real, son algunas de las cosas que amé de Chihuahua.

Regresamos a la hora de comer y paseamos por el centro a visitar el Palacio de Gobierno en donde conmemoran la ejecución de Miguel Hidalgo y hoy hay grandes murales representando la historia de Chihuahua con un importante enfoque en la guerra contra los Apaches. De ahí nos fuimos al aeropuerto, felices con lo que habíamos vivido y planeando ya nuestro regreso para completar el resto del recorrido del Chepe.

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