En una costa recóndita, llegando al final de Cabo Corrientes viven 2 o 3 familias desde hace más de 60 años. En su casita frente al mar, saben bien que viven en un lugar privilegiado. El Señor Don Coyote y sus perros resguardan la entrada por un muelle oxidado en el que caminas sobre pedazos de madera. Amablemente te dejan pasar por enfrente de sus casas y sus patios. Al caminar por ellos, conoces a todos los habitantes de lo que parece una isla desierta. Viven una vida sencilla pero con un enorme lujo natural. “Aquí cuando no hay nada que comer comemos pescado”, explican. Hay cocos frescos por todas partes. Atrás de sus aposentos, se esconde un río que pasa en medio de la jungla y tiene varias cascadas.

Es por eso que fuimos a Tecomata, acompañados de un guía de Verana. Sería difícil llegar ahí de otra forma. Tan sólo encontrar la entrada de nuevo me parece imposible. Pero es por eso que vale tanto la pena. En lugar de ir a la cascada La Catedral en Yelapa, que es una cascada sorprendente, nos aventuramos un poco más lejos. Subimos a lado del río durante una hora. Aprendiendo sobre las plantas y animales que existen en la Selva El Tuito. Son estos momentos en los que me doy cuenta que mi trabajo es el mejor del mundo. Estoy en movimiento, productiva, haciendo ejercicio, conviviendo con la naturaleza y con mis acompañantes y aprendo aunque no lo busque.

Llegamos al fin a la cascada. Solos en su profunda alberca natural. No hay nada mejor. Nadamos, escalamos, tuvimos un pequeño picnic y volvimos, pues nos esperaba un coco bien frío y la lancha para volver a Yelapa.

Recomendaciones:

Llevar toalla y camara de agua.

Escalar hasta la segunda cascada (con cuidado… se requiere escalar en roca mojada para llegar así que si no están cómodos con sus habilidades mejor no lo hagan).