No hay duda que México guarda increíbles ecosistemas de todo tipo, una de mis sorpresas fue ese oasis en medio del desierto que se llama Cuatro Ciénegas en el estado de Coahuila al norte del país.

Esta villa con un aire de paz y tranquilidad, casas de estilo colonial con puertas de madera dignas de capturar en fotos, vio nacer al “Varón de Cuatro Ciénegas”, Don Venustiano Carranza jefe del ejército constitucionalista. Ahí mismo se encuentra el Museo Casa Carranza, una vieja casona de estilo español del siglo XIX que muestra la historia de este personaje como la del pueblo. Vale la pena la visita. Si quieres alejarte del ajetreo de la ciudad y su ruido, el pueblo de Cuatro Ciénegas también cuenta con casas vitivinícolas donde te muestran el proceso de elaboración y degustación de vino a un precio accesible.

Mi viaje duró tres días. El primer día recorrí el pueblo visitando el Museo Casa Carranza, la iglesia de San José de estilo árabe y gótico, la plaza principal con su pintoresco quiosco, la presidencia municipal, y la vinícola Vitali donde no pude resistirme a comprar vino de mesa. Recorrer las calles a pie, siempre te enseñara a conocer una ciudad de una manera más personal, cada rincón que descubrí me mostraba lo fotogénico que es el pueblo y la tranquilidad con que se vive ahí.

El segundo día fue sin duda el mejor del viaje para mi. Fuimos a la mina de mármol con alucinantes formaciones rocosas geométricamente diseccionadas que dan la apariencia de ser ruinas de hace miles de años. La vista desde ahí es impresionante. Vale la pena ir aunque sea tan sólo para sentarse a la orilla del peñasco y observar a lo lejos el valle custodiado por la sierra coahuilense en tonos terrosos, contra el cielo azul, y sentir el soplar del viento. Pero lo mejor es que al fondo se aprecia la siguiente parada. Ante todo ese lienzo del valle sobresale el intenso blanco de las dunas de yeso de Cuatro Ciénegas.

Bajar de la mina y llegar a las dunas fue un choque de emoción. Nunca antes había estado en un desierto como los que aparecen en las películas. Solamente había visto dunas de arena cerca de la playa, pero ¿un desierto blanco? es de locura. Me quité los tenis para andar descalzo en toda esa inmensidad blanca, y poder sentirla. Es algo que todos tienen que vivir.

La historia del lugar comienza hace millones de años cuando el mar de Tetis llegaba hasta donde hoy es Coahuila. Cuando cambió le clima y el mar bajó quedaron lagunas pero al secarse dejaron el yeso que formó el desierto que ahora podemos visitar. Hay una formación de yeso gigante que se eleva como el castillo del lugar. Puedes subirlo y saber que estás en un lugar único en el mundo, rodeado por una “arena” blanca que deslumbra a la vista, valla paisaje.

Pensé que nada podría superar ese lugar después de dejarlo, pero faltaba cerrar el día con el Río Mezquites, un oasis en medio del desierto rodeado de montañas. La red de ríos te permite sumergirte en sus aguas cristalinas en un momento perfecto para mitigar el calor del entorno. El lugar cuenta con palapas para poder descansar y comer algo. También se puede acampar en la zona lo cual debe ser alucinante. Al final regresamos al hotel a cocinar un asado y disfrutar de la alberca.

El último día me dirigí al lugar más famoso de Cuatro Ciénegas tanto para los turistas como para biólogos y científicos de la NASA. La Poza Azul guarda secretos milenarios, es un universo acuático y su fama entre investigadores se debe a la presencia de estromatolitos causantes del oxígeno en la tierra. Esta área se encuentra protegida por la importancia que representa mundialmente. Lo más sorprendente del lugar son los tonos en azul y turquesas que generan los minerales del agua. También se protege a la tortuga bisagra, única en su tipo. Después de apreciar aquel lugar partimos para casa pero no hay duda que, Cuatro Ciénegas me regaló uno de los lugares más increíbles de México que he visto.

Mis impresiones:

-Llevar protector solar, gorra, calzado cómodo y agua.

-Si les sobra tiempo ir al mirador de Carranza donde se puede apreciar desde otro punto el pueblo.

-Probar el vino de la región es imprescindible.

-Probar las nieves del lugar y dulces típicos.

-Por la noche hay algunos bares/cantinas para salir.

Dónde dormir:

Hotel Hacienda el Caballo, prácticamente en el centro del pueblo.

No encontré ningún hostal ni couchsurfing.

Monclova puede ser otra opción de hospedaje cercana. Si usas Airbnb o Couchsurfing probablemente encuentres más opciones ahí.

Cómo llegar:

Desde Saltillo, Coahuila tomar la carretera 57 con dirección a Monclova y de ahí la 30 a Cuatro Ciénegas.

Artículo y fotos: @jpgooner