En un pueblito mágico, no muy lejos de la Ciudad de México, se encuentra un hotelito que tiene el poder de transformar tu fin de semana en una experiencia romántica e inolvidable.

Llegamos a Huasca de noche, sin saber qué encontraríamos y sin darnos cuenta que ahí nadie nos esperaba. Las luces amarillas brillaban débilmente entre la bruma, apenas iluminando la iglesia y los ahuehuetes centenarios que la acompañan. Las calles estaban vacías con excepción de tres señores con sombrero que convivían frente a la tiendita/miscelánea/farmacia/ que en las noches funge también como bar. Preguntamos por un hotel y sin titubear apuntaron hacia la pared azul a un costado de la iglesia.

Tocamos el timbre y ante nosotros se abrieron las puertas hacia un amplio jardín rodeado de una casona antigua, nuestro pequeño oasis. Por suerte, había un cuarto disponible, decorado con detalle, con una cama acolchonada, cuadritos antiguos, un gran candelero y una chimenea. Simplemente perfecto, ha sido uno de nuestros mejores hallazgos.

El desayuno fue igual de atento al detalle, el personal amable y hospitalario.

Resultó un punto perfecto para explorarHuasca, para tener una aventura y regresar a dormir como rey. Después de explorar la Peña del Aire y los Prismas Basálticos, decidimos ir a remar a la Presa de San Antonio Regla que está afuera de los Prismas. Lo podrás reconocer porque tiene una gran chimenea saliendo del agua. Fue la mejor parte. No había nadie así que pudimos nadar y remar felizmente.

Fuimos también a caminar al Arquito y nos dijeron que hay una caminata increible por ahí. No nos dió tiempo de ir pero si van, por favor avísenos qué tal les va. El hotel ofrece varios recorridos y recomendaciones. Díganles que se enteraron en Walking México.

¿Cómo llegar?

Llegando a Huasca verán el hotel a su derecha si se paran enfrente de la Catedral.

Contacto:

La Casa Azúl

Doria, Esquina con Avenida Morelos, 43503 Huasca de Ocampo